lunes, 12 de septiembre de 2011

EL PRIMER DÍA DE COLE PARA "PAPIS" Y "MAMIS"

Ya ha llegado otro año más. Cuando una se convierte en madre, y tus hijos empiezan su andadura escolar, te acabas dando cuenta de que en realidad, tu año, no empieza en enero, como para el resto de los mortales. Seguimos otro calendario distinto, independiente del que hasta ahora hemos conocido. Y los meses ya no son 12, sino que van de septiembre a junio. Y el verano no posee ni meses: simplemente, es verano.
Mi año empieza en septiembre, concretamente, hoy estoy de "celebración de año nuevo". y lo tengo que entrecomillar, porque es pura ironía hablar de "celebración". En fin....


Es probable que mis sentimientos al respecto sean significativamente diferentes a los que mis hijos han experimentado a lo largo de la semana pasada, e incluso hoy mismo cuando se levantaron. Álex estaba nerviosín el pobre... bastante. Lógico, era su primer día. Y como bien dijo el padre de un compañerín suyo: "este es el primer día de los 30 años que les quedan de estudio". Jon por contra, no estaba nervioso (al menos no aparentemente). ¡¡Ya es veterano!! ¡¡Un "veterano" de 5 años!! Eso sí, cuando le pedí que se vistiera para ir al cole, me preguntó: "¡¿pero es que ya es septiembreeee?!".

Luego están mis sentimientos. Eso va por otro lado. Me llama la atención de que para algun@s de nosotr@s, el cole no es de nuestr@s hij@s... ¡qué va! Es nuestro. Yo hablo de lo que pasa en MI cole, de las cosas que se hacen en MI cole... y desgraciadamente, en ocasiones los problemas que ME plantean en MI cole. Porque cada vez que un maestro, la directora, el orientador,...cualquiera, me plantea que ell@s conocen mejor a mis hijos que yo misma... para mí, es un problema. Quizá de momento no lo sea para ninguno de mis hijos, aún son muy pequeños. Pero yo ya lo sufro y padezco en mis propias carnes. :-)Especialmente la lucha que tengo que mantener para que se esfuercen por conocer un poquito (no pido mucho más, la verdad, sólo un poquito) más a fondo el tema de las altas capacidades intelectuales, y dejen de planteármelo como "el problema de mi hijo". De momento, estoy aguantando. Pero no sé cuánto tiempo más voy a poder aguantar antes de soltar lo que realmente pienso: "el problema es tuyo, no de mi hijo".

Pero quiero dar un margen, al fin y al cabo, hoy ha sido sólo el primer día. Lo que pasa es que yo no quería que MI primer día de colegio empezase con alguien dándome largas a la hora de solicitar lo que es justo para el niño. No quería percibir esto como una lucha, porque a veces tengo la sensación de que me agota. Lo que pasa es que ese agotamiento, en realidad, sólo es una sensación. De eso es de las pocas cosas en la vida de las que estoy completamente segura. Me asemejo un poco al cuento de los 3 cerditos: si me derrumban lo que estoy construyendo, que tengan bien seguro que lo siguiente que construya, no será de paja. Y lo siguiente, no será de madera. Y sé que tarde o temprano, lo que levante, será sólido, porque no voy a rendirme. Es lo justo. Y además, no estoy sola.

martes, 6 de septiembre de 2011

NORMAS SOCIALES: CONVIVENCIA

Una niña por la noche llamó a su padre: "Papá, ven". Y el papá fue y le dijo: "¿Qué quieres, hija?" y ella no contestó. Al rato gritó "Papá, ven". Y el papá fue y le dijo: "¿Qué quieres, hija?" y ella no contestó. Así muchas veces, hasta que al final la niña exclamó: "¡Que me digas no!".
        "El Pequeño Dictador" - Javier Urra


Como complemento al anterior post (Autoritarismo Educativo y "Cachete Pedagógico"), voy a hablar de la necesidad de la existencia de normas para un buen funcionamiento de la convivencia, no sólo familiar, sino también social. Aún así, que no piense la persona que lo lea que en estas líneas va a encontrar algún tipo de apología del retorno de las antiguas costumbres.

Lo cierto es que la  idea que más me ha llevado a pensar en la conveniencia de las normas, ha sido el porqué cuando un niño o una niña aún son pequeñ@s, su modelo a seguir son los adultos más cercanos, y en cambio, conforme van creciendo, se identifican más con sus pares de edad similar. ¿Es un hecho de predisposición? ¿Se da en todas las culturas? ¿Por qué por ejemplo, yo misma en mi adolescencia, además de identificarme con "mis iguales", también seguía teniendo como referencia a mi madre (persona que nunca ejerció un estilo autoritario hacia mí)? ¿Y si lo que sucede es que conforme el niño o la niña va creciendo, se percata de que no es tratado como una persona a la que también hay que escuchar?

Muchas preguntas... no creo que en tan poco espacio logre la respuesta de todas. Lo cierto es que me voy a plantear que partamos de la idea de que padres/madres - hij@s, no son pares enfrentados por naturaleza, sino que somos un continuo. Somos un grupo de personas que ha de estar destinada a entenderse.

¿Por qué poner normas?

Resulta obvia la pregunta para la mayoría de nosotros, me imagino. De no existir un mínimo, unas normas que guíen una correcta convivencia, la libertad se volvería libertinaje. Aunque también es bien cierto que no se debería aludir a esta premisa para imponer un estilo social represivo y autoritario. Si las normas se necesitan para una correcta convivencia, sería de justicia que el ponerlas realmente la mejore... la de todos, no sólo en beneficio de uno o unos pocos.
Se trataría por tanto de la base sobre la que parte un sistema de organización, como en definitiva así lo es la familia, esa microsociedad en la que tantas cosas compartimos y tanto aprendemos, sea positivo...o no tanto.

Validez de la norma establecida:

1. Se establecen tras una previa situación de diálogo.- No necesariamente ha de existir unanimidad, pero sí consenso, al menos en el sentido en el que no se vulneren derechos fundamentales de alguno de los miembros de la organización.

2. Norma entendida como asignación de responsabilidad individual y grupal.- Cada miembro de una organización es diferente. Tiene sus particularidades, por lo tanto, es probable que posea unas "normas específicas". Por ejemplo, un padre o una madre pueden tener como norma (obligación moral, de hecho) preparar la comida para sus hij@s cuando son demasiado pequeñ@s así como una hija, de estudiar cada día, o un hijo de poner orden en su armario,... Y a parte de estas condiciones, tod@s sus miembros han de mantener una estabilidad en el cumplimiento de estas normas.

3. Junto a la noción de "norma", ha de ir paralela la de "excepción".- No todo lo que nos rodea es susceptible de nuestro control, lo cual implica que haya ocasiones en las que la norma se pueda obviar, si ello supone una mejor adaptación y sin que implique sanción de ningún tipo. Por ejemplo, si un día nos dejamos la llave en casa y nuestro hijo está dentro, aunque tenga la norma de "no abrir la puerta él".... esta sería una excepción de peso :-)

4. La norma ha de establecerse una a una y de manera clara.- No tiene sentido de repente empezar a colocar normas porque "una te lleva a la otra". Paso a paso. Y exponerla con claridad, de manera breve y bajo el supuesto de una lógica en su mantenimiento. A veces los padres y madres somos demasiado proclives a soltar grandes discursos acerca de la importancia del cumplimiento de una norma... cosa que hace que probablemente a los 5 minutos, el hijo o la hija ya haya desconectado.

5. Visión positiva del cumplimiento normativo.- Se trata (ni más ni menos) de centrarse en lo bien que hacemos las cosas, no dar por hecho que lo bueno ya lo sabemos. Especialmente si la atención sólo la centramos cuando se incumple lo acordado, no cuando se lleva a cabo de manera adecuada. Esto sí que puede hacer que cada miembro de la familia se adhiera mejor al cumplimiento de la norma. Sería, si se me permite el símil, como decir "te quiero". Es importante decirlo porque para la otra persona es vital oírlo. No es algo que se pueda dar por hecho o por supuesto.

¿Qué sucede en un ambiente autoritario?

Si por algo se caracteriza un ambiente autoritario precisamente es por la aleatoriedad de las normas. En realidad no son algo fijo, estable, ni mucho menos proporcionado. Son variables y fluctúan, ya que normalmente dependen del estado de humor, del ánimo de la autoridad pertinente, además de que "están colocadas ahí" no para el beneficio óptimo de cada miembro familiar, sino para hacer la vida más cómoda al que las impone. Y la consecuencia de acatarlas o no va a depender de la indulgencia del autoritario.

Hablo de la familia, pero desde luego que estas cuestiones pueden ser perfectamente extrapolables a otros ámbitos, otro grupos o "microsociedades", somo la escuela, el ámbito laboral, etc.

Lógicamente este ambiente, tiene dos vertientes:
1- Rebelarse contra la normativa que no posee una lógica demasiado adaptativa más allá del propio beneficio de quien la emite. Hecho muy frecuente especialmente percibido por padres y madres de niñ@s con alta capacidad intelectual. Desde edades muy tempranas sienten curiosidad por todo, por su funcionamiento, por su porqué,... ¿cómo puede sentirse entonces un niño o una niña que no entiende el motivo de la colocación de normas, especialmente si van en función de lo que sólo una persona decida? No olvidemos que el hecho de poseer alta capacidad intelectual no implica que dejen de ser niñ@s, y si a un adulto ya nos puede costar adaptarnos a esa realidad cambiante en función de estado de ánimo de otro, imaginémonos por un momento vivir bajo ese caos a una edad temprana.

2- Aceptar este sistema autoritario como válido, sin mayor reproche que el berrinche momentáneo cada vez que personalmente te afecta la nueva norma del día. Esta es la opción mayoritaria, y al mismo tiempo la más peligrosa, porque se da como buena la idea del autoritarismo y se transmite de generación en generación.
Esta opción es contra la que hay que luchar para que dejen de existir de una vez por todas nuevas generaciones de machitos dominantes y de mujeres sumisas. Ambos son distintas caras de la misma moneda: personas con una autoestima minada, pobre, sin recursos afectivos y víctimas potenciales de un sistema que alega hacer lo que le viene en gana "por nuestro bien"... aunque en realidad no es el bien común, sino de las personas que dirigen ese sistema y ostentan el poder.
Y hemos de evitar que sigan existiendo perversos dominantes que al no poseer criterios que les doten de una buena autoestima, se convierten en verdugos de otras personas para al menos "sentirse superiores". Y que sigan existiendo personas sumisas (especialmente mujeres en un mundo machista) que crean que esa es su labor en la vida, porque es "lo que les ha tocado, ya que unos nacen con estrella o y otras, nacen estrelladas".

Fomentemos el espíritu crítico, la noción de pensamiento, de debate, de inconformismo... adaptémonos a las normas cuando éstas sean las que hayan sido puestas para adaptarse a tod@s nosotr@s. Sin excepción.

lunes, 5 de septiembre de 2011

AUTORITARISMO EDUCATIVO Y "CACHETE PEDAGÓGICO"

En los últimos años, estamos empezando a ser testigos de la re-aparición de un concepto que en mi opinión, creí que estaba destinado a su extinción. Pero lejos de ser así, parece que vuelve, y retoma su hegemonía con más fuerza que nunca. ¿El porqué? Honestamente, no me queda claro si se trata de cuestiones políticas, mediáticas o sociales... probablemente, una vez más estemos asistiendo a una suma de variables implicadas. Pero pienso que se hace necesario meditar acerca del tema. Reflexionar acerca de este concepto, eso sí, una vez que poseamos el máximo de información posible al respecto, sin conformarse sólo con una pequeña parte del mismo. Al fin y al cabo, recordemos, que explicar un término apoyándose sólo en parte de su significado (normalmente aquél que te beneficia), no sólo se trata de una aberración cuando tratamos temas científicos, sino que además es una de las reglas de manipulación más utilizadas.


Me estoy refiriendo al término AUTORIDAD. Hace años en España (y aún vigente en muchos otros países), sufrimos las consecuencias de la consideración de que la educación debía estar marcada por este concepto. La autoridad en el pueblo en unos tiempos que a algun@s les genera tanta nostalgia, la poseía la guardia civil, el cura y el maestro. Y ahora, unos años después de la entrada del siglo XXI, parece que se retoma como propuesta de solución de todos los problemas sociales... "a los chicos de hoy en día les hace falta autoridad". Y afortunadamente para mí, como soy mujer, y aquí sólo se habla en masculino, no me doy por aludida, así que voy a desgranar y desmantelar esta idea :-).

Ya no sólo es una frase hecha, sino que parece que toma un significado de imperativo, de necesidad. Pero no nos engañemos. No es nueva. No se trata de una frase moderna, fruto del "vicio" y la "mala educación" de una infancia en la que se tiene de todo y a la que no se le ha puesto límites. Ya en la época de los antiguos egipcios se encontró un papiro aludiendo a que "la juventud estaba perdida". Curioso, ¿verdad? ¿O podrá ser que la única juventud sana era la que existía antes de los antiguos egipcios?...


En fin, vamos a ir por partes. Quisiera hablar en primer lugar de los diferentes estilos educativos que pueden aplicarse dentro del seno familiar (con sus matices particulares para cada caso, por supuesto). En este post, concretamente, me centraré en esta cuestión. Hay otra importante: las normas (su creación, su necesidad, su establecimiento,...); pero lo dejaré para una segunda parte.

ESTILO ANÁRQUICO

Se caracterizaría por una excesiva permisividad, así como pasividad ante los comportamientos del hijo. No existirían límites, bajo el supuesto de que así es como se logra auténticamente la libertad (lo cual obvia decir que se trata de una libertad falaz e irreal). Los hijos cooperarían en la convivencia si ellos consideran que así han de hacerlo. Ciertamente lo que se acaba produciendo es una actitud de servilismo por parte de los padres, de sumisión, que puede crear auténticos tiranos egocéntricos, con conductas socialmente poco adaptadas.

ESTILO SOBREPROTECTOR

L@s hij@s han de ser protegid@s, cuidad@s en todo momento por parte de los padres y madres (ya que es su responsabilidad), tanto cuando viven en el hogar, como cuando lo abandonen. Es una actitud de absoluto servilismo hacia ellos. Se plantea que cuando crezcan y se hagan mayores, ya se ocuparán de sus asuntos, pero la realidad plantea que cada vez que tengan un problema, los padres y madres estarán ahí para solucionárselo. En definitiva, no se les deja crecer como personas, por una absoluta desconfianza en sus posibilidades. Además, como se les intenta evitar la frustración a toda costa, efectivamente, la probabilidad de que l@s hij@s se percaten de que sí que podrían solucionarse sus propios problemas, disminuye.

ESTILO AUTORITARIO

Este estilo se basaría en la premisa "se aprende si duele", o lo que es lo mismo "lo que no te mata, te hace fuerte". El hijo o la hija no es libre para expresarse, no puede ni debe preguntar por qué han de hacerse las cosas que se hacen, cuestionar las normas impuestas por el padre o la madre, y mucho menos aportar alternativas. Se tienden a castigar los fracasos, pero raramente recibirán refuerzo los logros.

Tal y como plantea Javier Urra, licenciado en psicología y primer Defensor del Menor en España, "Las creencias de los padres es que ostentamos la autoridad y hemos de hacerla cumplir con o sin la colaboración de los hijos. Sus criterios se impondrán cuando sean padres". Es decir, en los problemas que se pueden ir planteando a lo largo de la vida, siempre va a ganar el que ostente el poder. Por eso hay que luchar por conseguirlo, para luego, una vez que se ha logrado, ejercerlo con contundencia. Esta es en definitiva, una breve y concisa descripción del estilo paternalista: "en esta casa (o país) se hace lo que yo digo, que se lo os conviene a todos".

En lo que respecta al "cachete", en realidad es una consecuencia de una educación paternalista y autoritaria. Al niño o la niña, no se le percibe como una persona. No tiene los mismos derechos que el resto en la casa, por eso el padre o la madre puede aplicar el castigo que considere conveniente, aunque sea físicamente, aludiendo además a que no se trata de "pegar". Y yo me pregunto: si a ti te diera alguien un cachete cuando alguien quiere que hagas algo que a ti no te apetece, ¿te sentirías agredid@? Y si los menores también son personas de pleno derecho, ¿por qué a ell@s sí, pero al resto no? Suelo poner un ejemplo para pensar acerca de ello: en toda convivencia, hay desavenencias. Y en ocasiones, un abuelo, una abuela (e incluso ambos) se vienen a vivir con nosotros. Imaginémonos que el abuelo en su casa tiene la costumbre de llevarse el orinal a la cama por la noche. Pero a nosotros nos desagrada, porque tiene el baño al lado de la habitación y además duerme en una habitación con moqueta... Aún así, el abuelo insiste: es su costumbre. Le decimos que no lo haga, pero aún así, a la mañana siguiente, vuelve a llevar el orinal. Y así día tras día, mañana tras mañana. ¿Qué harías? ¿Se te ocurriría darle un cachete para que vaya aprendiendo? La respuesta más común suele ser que ¡cómo vamos a pegar a un anciano!... vaya, ¿pero no habíamos quedado que un cachete no es "pegar"?

...sólo pido, por favor, reflexión al respecto. Argumentación que vaya más allá de "para unas personas sí, pero para otras no". Recordemos que el "grado" de persona, de ser humano con derechos, no es algo que se adquiera sólo cumpliendo años, o cuando una sea madre, sino que es un hecho que se produce en el mismo momento del nacimiento.

ESTILO DEMOCRÁTICO

No se trata de lograr la perfección y la armonía constante. Se trata de perseguir la justicia entendida para toda la familia. Se trata de ofertar libertad, efectivamente, pero estableciendo unos límites para todos y cada uno de sus miembros. No sólo hacia los hijos o hijas. Éstos pueden y deben buscar solución a sus problemas, y han de ser partícipes en la toma de decisiones, especialmente cuando les competen directamente. Se ha de fomentar su responsabilidad en dichas decisiones y se les ha de dar la oportunidad de comprobar las consecuencias de sus actos. O por decirlo de otra forma: si el sábado no quieren ir a ver a su abuela, habrá que preguntarles por qué. Puede que exista una razón de peso...o no. Pero la decisión por parte de un padre o una madre de acudir a casa de la abuela o no, ha de ser tomada con el máximo de información posible.
Un padre o una madre confían en que sus hij@s resuelvan conflictos, aprendan a tomar decisiones y poco a poco vayan siendo más independientes.

En mi opinión, un padre o una madre no deberían de ejercer autoridad sobre sus hijos. Hemos de esforzarnos por convertirnos en unos buenos líderes dentro de la familia. Ejercer autoridad no es lo mismo que poseer dotes de liderazgo. Lógicamente esto hace que discurramos más, que pensemos más en nosotr@s y al mismo tiempo ejercitemos la empatía. Puede que parezca que se complica la labor de ser padres y madres, en cambio, al fin y al cabo, me imagino que nadie creyese que tener un hijo o una hija iba a ser una labor sencilla.

Y es que existen distintas formas de entender la paternidad, diferentes maneras de entender la educación de l@s niñ@s. No hay sólo dos formas de entenderla, como a veces parece que se intenta hacer ver (Autoritarismo o Permisividad). Este binomio resulta altamente confuso: aquel que desee pugnar por la imposición del autoritarismo, tiende a denominar al estilo permisivo como "democrático", y nada más alejado de la realidad, como ha quedado anteriormente expuesto. En todo caso, esa permisividad es propia del estilo anárquico, carente de normas.
 Este planteamiento es parcial y potencialmente peligroso para la juventud: se necesita que las personas piensen por sí mismas, que se desarrollen de manera plena, con autoconfianza. Defendiendo sus derechos sin vulnerar los de los demás. Que sepan agradecer lo que tienen, pero sin rendir pleitesía a nadie: por ejemplo, cuando una persona con pocos recursos económicos saca una carrera, no lo hace gracias a los padres o al Estado que le proporciona becas. Lo hace por sí misma, por mérito propio. Otra cosa es que para lograr este derecho, se le proporcione los medios adecuados.

En definitiva, no creo que la juventud esté perdiendo valores. Puede que nos estemos desarrollando ahora mismo y concretamente en esta cultura, bajo el prisma de que no nos falta de nada (material, entendamos), pero esto no significa que no haya carencias de otro tipo. Los que hoy en día nos gobiernan no son los más jóvenes, y su educación probablemente estaba basada bajo esos mismos términos autoritarios que tanto desean imponer a la población como remedio a todos los males.

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